Estimado Álvaro:

Siempre hemos seguido con interés todas tus aventuras marítimas, enterándonos a través de los medios de comunicación de tus triunfos y alegrándonos con ellos. Para un hombre de la meseta castellana como yo, aún representa un misterio mucho más grande las inmensidades del mar. Estamos acostrumbrados a tener tierra firme bajo nuestros pies, a veces ni siquiera entendemos la mentalidad más flemática de los isleños, por ello me parece una hazaña el cruzar miles de kilómetros en una moto, rodeado de agua y tan sólo con un barco de apoyo, enfrentando no solo los peligros de la climatología en el mar sino también los tiburones, como tú mismo decías en una reciente entrevista en televisión. ¡Que humilde y a la vez que inmenso debe uno sentirse dominando la naturaleza! En una travesía tan grande habrán momentos de acción y velocidad y momentos de reposo, espero que la serenidad te acompañe siempre tanto en unos como en otros. Cambias los horizontes color miel de Castilla por el verde-azul infinito del Atlántico, pero las estrellas que te iluminarán serán las mismas que nosotros contemplemos y ellas te dirán que nuestros pensamientos están contigo y nuestras oraciones te acompañan. Adelante y mucho éxito.

Un fuerte abrazo
Andrés y familia

Estimado Álvaro: No nos conocemos personalmente, ni siquiera pertenecemos a la misma generación, pero desde pequeña he oido hablar a mi familia con mucho afecto de los años que compartieron contigo y con tus hermanos. Por este motivo cuando me dijeron que si podía buscar el alfabeto ibérico me puse manos a la obra. Por otra parte se trataba de un tema numantino y eso es algo que me interesa en gran medida, no solo por vivir en las faldas de Numancia sino por lo subyugante que resulta descubrir como vivían nuestros aguerridos antepasados. Su vida austera, su incansable lucha contra las adversidades es algo que también se refleja en tu afán de cruzar el Atlántico en moto naútica. Así como los numantinos se enfrentaron a los elefantes romanos con espadas y piedras, tú deberás enfrentarle al gigantesco mar con sólo una moto. Como los numantinos afrontaron el aislamiento del asedio, tú afrontarás largas horas de soledad. Como los habitantes de Numancia soportaban el duro clima mesetario, tú soportarás el gélido mar y el ardiente sol. Pero quiera Dios que el espíritu y el coraje numantino te acompañen y tengas una travesía feliz, logrando tu objetivo y llegando a buen puerto. Nuestro corazón está contigo y te decimos: ¡¡¡Ánimo Álvaro!!! Nos veremos en San Antonio, a la sombra de Numancia, dándole gracias por tu vuelta sano y salvo.

Un saludo. Andrea